Mil doscientos milímetros de lluvia al año explican casi todas nuestras averías

Respuesta corta
La humedad provoca averías eléctricas porque degrada el aislamiento de cables y empalmes hasta que parte de la corriente se escapa a tierra, lo que hace saltar el diferencial. En Bizkaia los puntos donde aparece siempre son los mismos. Cajas de registro en muro exterior. Garajes y trasteros por debajo de la cota de la calle. Lonjas en semisótano, cuartos de contadores y arquetas de riego y alumbrado exterior. Se previene con material estanco, registros por encima de la zona húmeda y un diferencial dedicado a la zona expuesta.
Qué le hace el agua a una instalación
El aislamiento de un cable es lo que impide que la corriente salga por donde no debe. Es un material con una resistencia altísima, medida en megaohmios, y mientras esa resistencia se mantenga, todo lo que entra por la fase vuelve por el neutro. La humedad ataca precisamente eso: reduce la resistencia del aislamiento, sobre todo en los puntos donde el cable está pelado, empalmado o forzado.
El proceso es lento y por eso engaña. Un empalme dentro de una caja húmeda no falla el día que se moja. Falla meses después, cuando la humedad ha ido penetrando y la resistencia ha caído lo suficiente para que se escapen treinta miliamperios. De ahí que en Bizkaia el pico de este tipo de aviso no coincida con la primera tormenta, sino con octubre y noviembre, cuando el agua lleva semanas cayendo.
Hay además un efecto secundario menos conocido: la corrosión. El agua con sales oxida los bornes de los cuadros y las conexiones de las tomas de tierra. Un borne oxidado hace peor contacto, y peor contacto significa calentamiento; el calentamiento degrada el aislamiento del propio cable, y así se cierra el círculo. Por eso un cuadro en un cuarto húmedo no está en el mismo estado que uno de la misma edad en un piso seco.
Los cinco puntos donde aparece siempre
El primero: las cajas de registro en muro exterior o en patio de luces. Un muro de fachada norte que recibe lluvia horizontal con el viento del noroeste transmite humedad al interior del tabique, y ahí es donde están los empalmes. Es el fallo que solo se manifiesta con determinados temporales, lo que despista muchísimo al diagnóstico.
El segundo y el tercero: los garajes y trasteros por debajo de la cota de la calle y los cuartos de contadores en semisótano. Bilbao y los municipios de la ría son de ladera y de vega, y esa combinación produce una cantidad enorme de espacio útil bajo el nivel del terreno. Con los 1.195 mm anuales que registra AEMET en la estación de Bilbao Aeropuerto, el agua entra por la rampa, por la solera o por el muro, y todo lo que haya montado ahí sufre.
El cuarto: la lonja. El local de planta baja bilbaíno está casi siempre medio metro por debajo de la calle y comparte muro con el terreno, sin apenas ventilación. El quinto: las arquetas de riego y alumbrado exterior en jardines de Getxo, Sopela, Mungia o Amorebieta, donde las cajas de conexión enterradas acaban con agua dentro cada otoño.
Cómo se protege una instalación que convive con agua
La primera regla es de material: en zona húmeda no se monta material de vivienda. Hacen falta cajas y mecanismos con el grado de protección adecuado, con juntas y prensaestopas de verdad, y empalmes hechos con regleta o con conector estanco, nunca con cinta aislante. La cinta en un ambiente húmedo es una avería con fecha de caducidad.
La segunda es de cota: los registros se colocan por encima de la franja que se moja. Parece obvio y casi nunca se hace. En un garaje que ha tenido agua, subir las cajas de derivación treinta centímetros resuelve más problemas que cualquier recambio, porque el agua sube hasta donde sube y no más.
La tercera es de reparto: la zona húmeda va en su propio circuito, con su propio diferencial. Esa medida no evita que algún día haya una fuga, pero evita que esa fuga deje sin luz al portal entero, a la vivienda o al local. Es de las intervenciones más baratas y de mayor efecto que existen, y es la primera que recomendamos en cualquier comunidad de la ría.
Lo que no funciona
Poner un diferencial de mayor intensidad de disparo para que aguante. No arregla nada: solo eleva el umbral a partir del cual el dispositivo que protege a las personas decide actuar, y la fuga sigue exactamente donde estaba.
Poner un superinmunizado sin medir antes. El superinmunizado está pensado para filtrar disparos por perturbaciones de alta frecuencia de la electrónica moderna, y en instalaciones sanas con muchos equipos resuelve el problema de raíz. Pero si lo que hay es una fuga real por humedad, el superinmunizado la disimula una temporada y luego vuelve, con la instalación peor que antes. Por eso el orden correcto es medir aislamiento primero y decidir después.
Y secar y volver a cerrar. Una caja que ha tenido agua tiene el aislamiento del cable comprometido en ese punto, aunque a la vista esté seca. Lo que se hace es cortar, rematar de nuevo, empalmar con material estanco y medir para confirmar que la resistencia ha vuelto a valores sanos. Sin esa medición final no hay forma de saber si la reparación ha servido de algo.
En resumen
- 1.195 mm en 130 días de lluvia: la humedad aquí es permanente, no estacional
- Los puntos de fallo son siempre los mismos y están cartografiados
- En zona húmeda, material estanco y empalmes con regleta, nunca con cinta
- Sube los registros por encima de la franja que se moja
- Zona húmeda con diferencial propio: la medida más barata y más eficaz
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