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Vivir en una casa sin tierra: qué te protege realmente y qué no

8 min de lecturaActualizado el
Caja de conexión eléctrica enterrada en el terreno con el conductor amarillo saliendo

Respuesta corta

Para saber si tu vivienda tiene toma de tierra, mira los enchufes: si son de dos contactos redondos sin las láminas metálicas laterales, no hay tierra. Si las tienen, puede haberla o puede que alguien pusiera enchufes nuevos sin tirar el conductor de protección, algo muy frecuente, y eso solo se detecta comprobando continuidad. En un edificio con puesta a tierra general, instalarla en tu piso consiste en tirar el conductor desde la centralización de contadores hasta el cuadro y de ahí a los enchufes.

Para qué sirve la tierra en realidad

La toma de tierra ofrece a la corriente un camino de baja resistencia hacia el terreno. Imagina que un electrodoméstico deriva, porque su aislamiento interno ha fallado y la carcasa metálica se ha puesto en tensión. Esa corriente encuentra el conductor de protección y se va por ahí, en lugar de esperar a que alguien apoye la mano en la lavadora.

Ese escape es además lo que permite al diferencial actuar de inmediato: detecta el desequilibrio y corta en milisegundos. Sin tierra, la carcasa puede quedarse en tensión sin que circule corriente suficiente para que el diferencial se entere, y el desequilibrio solo aparece cuando el camino a tierra lo pone una persona. Es decir, cuando ya es tarde.

De ahí la frase que repetimos en cada visita: un cuadro nuevo con diferenciales caros en una casa sin toma de tierra es media protección. La otra media está en el cable verde y amarillo que llega hasta el tercer contacto del enchufe.

Cómo saber si la tienes

La primera comprobación la puedes hacer tú en diez segundos: mira un enchufe. Si es de dos agujeros redondos sin las dos láminas metálicas en los laterales, no hay tierra en ese punto y casi con seguridad no la hay en la vivienda. Es el enchufe típico de los pisos anteriores a los setenta que nunca se han renovado.

Si los enchufes sí tienen las láminas laterales, todavía no está claro. El falso positivo más común del oficio es la vivienda en la que alguien cambió los mecanismos por unos modernos con tercer contacto pero no tiró el conductor de protección hasta ellos. Por fuera parece que hay tierra, y por dentro no hay absolutamente nada conectado. Solo se detecta comprobando continuidad enchufe por enchufe, con un comprobador.

La segunda parte de la comprobación es de calidad y no de existencia: aunque la tierra esté, hay que medir su resistencia con telurómetro. La ITC-BT-24 del reglamento limita la tensión de contacto a 24 voltios en locales húmedos. Con un diferencial de 30 miliamperios, eso da un valor máximo del orden de 800 ohmios. En la práctica se busca bastante menos: una tierra al límite se degrada en pocos años y deja de proteger sin avisar.

Por qué falta en tantos pisos de Bilbao

Por una razón muy simple: cuando se construyeron no era obligatoria. La exigencia de puesta a tierra en viviendas llegó con el Reglamento Electrotécnico de 1973, y buena parte del parque residencial de Bilbao y de la ría es anterior. Otxarkoaga se levantó entre 1959 y 1961; Santutxu, Rekalde, Zorrotza, Basurto o los barrios obreros de Sestao, Barakaldo y Portugalete, en las mismas décadas o antes.

Esos pisos nacieron además con la electrificación mínima de la época, 3.450 W, y con dos circuitos para toda la vivienda. Esa es la otra mitad del problema. No solo falta el conductor de protección: la instalación entera está dimensionada para una casa que ya no existe.

Muchos edificios sí incorporaron después una puesta a tierra general del inmueble, normalmente al hacer una rehabilitación o al renovar la centralización de contadores. Ese es el escenario favorable, y es más habitual de lo que la gente cree: la tierra existe en el portal y a tu piso nunca se le tiró el cable.

Qué se puede hacer y cuánto supone

Si el edificio tiene puesta a tierra general, el trabajo es de vivienda y no de comunidad. Se tira el conductor de protección desde el borne principal o desde la centralización de contadores hasta tu cuadro. Y desde ahí hasta los enchufes, por los circuitos existentes. Cuando el tubo corrugado está sano, se pasa cable nuevo por dentro sin abrir pared, que es lo que marca la diferencia de precio.

Se completa con la conexión equipotencial de baño y cocina, que une entre sí las partes metálicas —tuberías, desagües—. Así no puede haber diferencia de potencial entre dos cosas que se tocan a la vez. Y se mide el resultado con telurómetro, para dejar constancia del valor real.

Si el edificio no tiene tierra general, hay que instalar el electrodo, y eso ya es elemento común: se plantea en junta, normalmente aprovechando cualquier otra obra prevista. En una provincia con 1.195 mm de lluvia al año hay una ventaja nada menor: el terreno conserva humedad todo el año. Conseguir una tierra de buen valor es mucho más fácil que en zonas donde el suelo se seca en verano.

En resumen

  • Enchufes de dos contactos = no hay tierra en la vivienda
  • Enchufes con tercer contacto no garantizan nada: hay que medir continuidad
  • La obligación en viviendas llegó con el reglamento de 1973
  • Si el edificio tiene tierra general, instalarla en tu piso es asequible
  • Sin tierra, el diferencial protege mucho menos de lo que crees

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